¿Por qué es importante el consumo de proximidad?  

No es algo nuevo, aunque parece que ahora se ha puesto de moda eso de comprar productos de temporada y hacerlo en comercios locales. Los beneficios de adquirir alimentos y otro tipo de mercancías en tiendas que trabajan con proveedores de zonas próximas repercuten directamente en aspectos sociales y medioambientales. Te contamos por qué es importante el consumo de proximidad.

 

Consumo de proximidad o la compra en el mercado y los colmados de toda la vida

 

La aparición de los supermercados y las grandes superficies supuso una auténtica revolución para el sector del comercio en nuestro país. Las compras habituales de los ciudadanos se habían concentrado en sus núcleos poblacionales, acudiendo a los colmados, papelerías, pescaderías, carnicerías, mercados municipales y otros negocios locales.

 

La irrupción de otros comercios con más oferta y mejores precios obligaron a estos comerciantes a reinventarse. Un cambio que provocó que se dejaran de lado otros aspectos como la procedencia de los productos que se vendían. Puede parecer inocuo, pero esa procedencia deja huella a nivel social y también medioambiental.

 

Como su nombre indica, el término de consumo de proximidad va ligado a la distancia y el espacio desde el lugar de origen hasta que se compra, cuanto más corta es la proximidad, más próximo es. La denominación de Km0 significa que no hay más de 100km de distancia desde donde se produce al punto de venta.

 

La importancia del consumo de proximidad

 

¿Qué garantiza el consumo de proximidad? ¿Por qué debe tenerse en cuenta como prioridad frente a aquellos alimentos y productos que importamos?

 

  • Frescura en el caso de los alimentos. Son de temporada y conservan sus nutrientes al máximo, ya que no ha pasado semanas en una cámara frigorífica).
  • Precios competitivos. Aunque a priori pueda parecer lo contrario, el hecho de comprar productos locales favorece el precio final, ya que han sido necesarias menos horas de transporte y gasto logística para llegar al punto de venta.
  • Normativas locales. El consumo de productos de proximidad garantiza que estos cumplen con las normativas vigentes, tanto en su producción como en su distribución y venta.
  • Protección del medio ambiente. La exportación de productos a otros países genera un gran gasto de energía de combustibles fósiles, principalmente de petróleo por la cantidad que se necesita para trasladarlos en aviones, barcos de mercancías y camiones. Al margen del transporte, existe otro gasto energético que se refiere a su conservación en cámaras frigoríficas. Además, para su traslado en las mejores condiciones es necesaria la utilización de envoltorios plásticos o porexpan, muy contaminantes y que tardan años en degradarse. Debemos ser conscientes de que consumir frutas tropicales en pleno invierno no es necesario ni positivo a nivel medioambiental.
  • Conservación de especies autóctonas. La producción intensiva a través de la agricultura de monocultivos rebaja la biodiversidad en los ecosistemas algo que afecta a las especies, también la introducción de fauna foránea, modificaciones genéticas o fertilizantes. Es bueno apostar por las pequeñas plantaciones y la agricultura ecológica.
  • Trabajo local. El consumo de proximidad también beneficia a los productores locales y a los propios comercios que podrán ofrecer más y mejores puestos de trabajo.

 

En definitiva, el consumo de proximidad es respetuoso con el medio ambiente, es económico, disminuye la denominada “huella de carbono” y respeta la continuidad de la biodiversidad de nuestros ecosistemas.

¿Qué es la banca ética?  

La crisis económica nos ha dejado nuevos conceptos y prácticas que antes apenas conocíamos, uno de ellos es la banca ética. Las dificultades hacen que surjan nuevas ideas y se ponga el foco en las personas, el medio ambiente y todo aquello con un cariz social. Te ayudamos a conocer a fondo qué es la banca ética y en qué puede beneficiarte.

 

La banca ética

 

Es un tipo de entidad bancaria que prioriza los proyectos sociales por delante de los beneficios económicos. El objetivo es conseguir una utilidad social con todo el dinero que generan por sus servicios. Y no sólo eso, en la banca ética los clientes tienen mucho que decir y son ellos los que demandan este tipo de prácticas responsables. Es una forma de gestionar los ahorros de forma consciente siguiendo el denominado modelo de desarrollo humano y social sostenible.

 

  • Los clientes tienen derecho a conocer a qué se destina su dinero (proyectos, financiación de otras empresas o ideas, etc).
  • Los recursos generados se destinan a la creación de empleo y la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social, por ejemplo.
  • Es importante la labor de apoyo en los casos de créditos e hipotecas al margen de la recuperación del dinero prestado o invertido.
  • Los proyectos sociales a los que se destine el dinero deben ser viables para evitar pérdidas de recursos e inversión.

 

Es posible que esta descripción pueda parecer algo utópica, y es que hasta ahora las cajas de ahorros ya se dedicaban a desarrollar proyectos sociales con una parte de los beneficios. La diferencia es que en el caso de las entidades que conforman la denominada banca ética, todos los beneficios de sus productos bancarios tienen un fin social y los propios productos tienen una naturaleza sostenible.

 

¿Qué ofrece la banca ética?

 

Los productos que comercializan las entidades de banca ética son parecidos a los que ofrecen los bancos tradicionales con la clara diferencia de que todas las comisiones van a parar a fines sociales.

 

  • Libretas y tarjeta solidarias.
  • Fondos de inversión solidarios.
  • Microcréditos: Préstamos a corto plazo y de pequeñas cantidades que se destinan a proyectos que generan renta.

 

Si hay bancos éticos, ¿los hay que no lo son?

 

La banca ética se refiere a las entidades que cumplen con los objetivos que hemos mencionado antes, pero eso no significa que las entidades convencionales carezcan de ética.

 

Algunos expertos apuntan que como ya ocurre con el comercio justo, el consumo responsable o la moda sostenible, el uso de estos adjetivos únicamente ayuda a remarcar un aspecto concreto frente a la forma de funcionar del sector en cuestión.

Alternativas a las compañías tradicionales de suministro de servicios

El cuidado del medio ambiente está de moda y si viene acompañado de una rebaja en las facturas, mejor que bien. Las alternativas a las tradicionales compañías de la luz, el gas y el agua, se han incrementado en los últimos años. Se trata, en su mayoría, de cooperativas y pequeñas empresas que buscan desmonopolizar el sector y ofrecer precios competitivos a pesar de las dificultades que deben sortear para prestar un servicio adecuado.

 

Las nuevas compañías de la luz

Si existe un suministro polémico se trata sin dudarlo del que se refiere al gasto de energía. Es uno de los servicios en los que se va gran parte del presupuesto del hogar dedicado a estas cuestiones. Y básicamente por dos razones:

 

  1. Cada vez utilizamos más gadgets electrónicos que precisan de la corriente para funcionar o cargarse. Teléfonos móviles, tablets, ordenadores, ebooks, calderas eléctricas, placas de inducción… Dependemos de cientos de cables y esto provoca un incremento del consumo y del gasto
  2. La factura de la luz se ha disparado en los últimos años. En 2017 el precio de la energía se incrementó un 16% en comparación con 2016, lo que ha provocado que los recibos de un usuario medio se hayan incrementado más de 75 euros mensuales según datos de FACUA.

 

HolaLuz, Pepeenergy, Som Energia o Gersternova son algunas de las comercializadoras de luz que representan una alternativa a las compañías tradicionales. Además, la mayoría ofrecen 100% energía verde y limpia procedente de renovables. Sus precios son algo más económicos que en las tradicionales, aunque tampoco hay mucha diferencia porque todo depende del precio al que vendan la luz las generadoras de electricidad. Lo que más atrae a los usuarios es la conciencia ambiental, el trato cercano y transparente; y la gestión online.

 

Las alternativas de suministros de gas

 

Como en el caso de la electricidad, la mayoría de comercializadoras de gas está dificultando la denominada “transición energética” hacia fuentes renovables. Una de las empresas alternativas que ofrece suministro de gas y también de luz es Fenía Energía, que genera su electricidad en dos parques eólicos situados en Lugo y Salamanca. Catgas Energia es otra de las alternativas, con sede en Santa Coloma de Gramenet, salió al mercado en 2015 después de una larga trayectoria distribuyendo gas propano y realizando instalaciones de gas a escala local. Ahora también comercializa gas y luz.

 

En agua, ¿hay alternativa?

 

En cuanto a la factura del agua, las alternativas no son tan claras y es que en muchos casos se trata de servicios municipales dependientes de ayuntamientos. Aunque cada vez más se abre el cerco para que existan alternativas reales.

No todo es economía colaborativa

En pleno auge de la economía colaborativa es difícil diferenciar entre aquellas plataformas que practican los principios de este paradigma y aquellas que solo buscan aprovecharse del sistema, de la popularidad y de la confusión para venderse como economías colaborativas cuando no lo son. Vamos a intentar diferenciar los negocios que sí practican este modelo económico de los que no lo hacen siguiendo un listado de premisas que hacen inconfundible a la economía colaborativa.

 

Despejemos las dudas, ¿qué es la economía colaborativa?

La economía colaborativa se basa en “prestar, alquilar, comprar o vender productos en función de las necesidades y no de los beneficios”. Ya hace algunos años en los que se viene practicando en todo el mundo y nació como una nueva oportunidad desviarse del camino insostenible hacia el que caminan algunas sociedades y su cultura del “usar y tirar” que provoca que se la vida útil de los productos sea muy corta.

 

Con el paso del tiempo diferentes plataformas que basan sus principios en este modelo económico han irrumpido en el sector con mucha fuerza y sus prácticas no gustan a todos. De hecho, hay multitud de opiniones encontradas sobre la forma de actuar de algunas de estas plataformas, muchos creen que promueven una nueva precarización de los puestos de trabajo y menos derechos laborables escudándose precisamente en eso, en que son economía colaborativa. Quizás la cuestión resida en el hecho de que algunos de estos negocios se venden como plataformas de economía colaborativa y en realidad no lo son.

 

Aprendiendo a diferenciar las plataformas de economía colaborativa de las que no lo son

 

Adigital y Sharing España publicaron en 2017 un informe en el que detallaban las características comunes de las plataformas de economía colaborativa:

 

  • Funcionan como intermediarias: Posibilitan el intercambio de bienes y servicios.
  • Puede haber contraprestación económica.
  • El intercambio puede darse entre particulares, entre empresas o incluso entre particulares y empresas (pero deben originarlo los particulares).

 

Algunos ejemplos de economía colaborativa serían plataformas para compartir viviendas entre particulares como “Coachsurfing”, compartir coche como “Bla, bla car” o la compraventa de productos de segunda mano como “Wallapop”.

 

 

Proyectos que no son economía colaborativa

 

  • Economía bajo demanda. Plataformas que facilitan que se forme una relación comercial entre los usuarios. Y es que en este caso sí que existe el ánimo de lucro y se aplica la normativa mercantil para regular la actividad.
  • Economía de acceso. Plataformas en las que se puede compartir un producto cuya propiedad es de la propia plataforma. Es decir, la compañía pone a disposición de los usuarios un producto que pueden compartir varias personas.

 

Algunas plataformas que pertenecerían a estos dos grupos y que, por lo tanto, no son economía colaborativa son Uber, Cabify (transporte de viajeros) o Glovo (reparto de comida a domicilio).

El crowdfunding y el coworking, ¿son economía colaborativa?

 

En algunos casos, los límites entre lo que es economía colaborativa de lo que no lo es están muy difuminados y es difícil detectarlo teniendo en cuenta únicamente las características que hemos enumerado anteriormente.

 

Podemos afirmar que también se considera economía colaborativa el micromecenazgo, plataformas online en las que es posible subir un proyecto, ya sea artístico, empresarial, de investigación o de cualquier otro tipo para conseguir fondos para financiarlo. Fondos que se consiguen a través de las donaciones de particulares que a cambio recibirán, en algunos casos, algún tipo de contraprestación. Por ejemplo, en el caso de ayudar para financiar una película se pueden proporcionar pases para el estreno.

 

Pero si hablamos del coworking, en el que se comparten espacios de trabajo entre diferentes profesionales, en su mayoría autónomos, en ningún caso se puede considerar economía colaborativa, ya que el lugar lo proporciona un tercero.

 

 

Las mejores Apps de economía colaborativa

En tiempos de crisis económica, las iniciativas internacionales de economía colaborativa pueden ser una gran ayuda, pero no suponen una solución definitiva. El concepto compartir, en contraposición a poseer, se impone entre la sociedad ya que propicia evidentes beneficios para todas las partes. La economía colaborativa encuentra en la tecnología la mejor plataforma de difusión. Las mejores apps de economía colaborativa nos dan a conocer que esta especial filosofía está muy presente y arraigada en la sociedad actual.

 

Las mejores Apps de transporte participativo

 

Drivy, sácale partido a tu coche

Drivy permite compartir los coches privados, sacándoles partido y haciéndoles ganar dinero extra a sus propietarios. Los precios empiezan en los 15 euros por día, y son coches totalmente asegurados, así que no hay que sufrir demasiado por conducir un coche ajeno.

 

eCooltra, la moto comunitaria

Una comunidad de usuarios que comparte el uso de las motos eléctricas. La flota de vehículos se reparte por toda la ciudad esperando a su próximo usuario. Todo a través de una aplicación muy sencilla desde donde se reserva, se busca la moto a través de un mapa y se pone en marcha para el trayecto.

 

Bluemove, coches eléctricos

Gracias al servicio de Bluemove, se puede utilizar un coche para uso personal sin necesidad de ser propietario. Se pueden reservar por horas en las ciudades dónde tienen sede, como Madrid, Sevilla y Barcelona. Un coche eléctrico dispuesto a ponerse en marcha.

 

BlaBlaCar, el trayecto compartido

De entre las mejores apps de transporte, BlaBlaCar es la más conocida. Acumula años de éxitos como una de las mejores maneras de transporte eficiente. Comparte ruta, gastos y, además, en compañía. Dentro de la aplicación los conductores cuentan con perfiles con sus preferencias durante el viaje. Además, los usuarios comentan y valoran al conductor por lo que no subirás al coche de cualquier desconocido.

 

El alojamiento en comunidad

 

Airbnb

Particulares ofrecen habitaciones o pisos enteros que no están usando, para que otras personas puedan reducir los gastos de alojamiento considerablemente altos de los hoteles, sobre todo en las grandes ciudades.

 

GuesttoGuest

Presente en 187 países y miles de viviendas en el catálogo, esta aplicación permite ahorrar en el alojamiento. Funciona compartiendo las viviendas o apartamentos en propiedad con otros usuarios. Hay una descripción de la casa y de tu perfil. Solo debes esperar a que otros te contacten mientras buscas aquellas viviendas que más te gustan donde pretendes viajar. Acumula GuestPoints e intercambiarlos cuando requieras.

 

Gamping, acampada en el jardín

Los viajeros con mochila y tienda de campaña ya tienen su aplicación. Encuentra un lugar de acampada sin problemas, ya sea un campo, un pequeño parque, una cabaña en el bosque o un jardín. Propietarios privados que ponen sus terrenos a tu disposición para que acampes.

 

Couchsurfing, duerme en el sofá

Pasa la noche en el sofá de un invitado. Ahorrarás dinero y descubrirás las costumbres y estilo de vida del lugar. Forma sencilla de conocer nuevas amistades.

 

Compras colaborativas

 

Relendo, uso temporal de las cosas

La economía colaborativa beneficia a las dos partes que participan en el intercambio. Con esta aplicación, todos los objetos que tenemos en posesión y no usamos, son productos que pueden ser de utilidad temporalmente por otros usuarios.

 

Unnea, compras en grupo

La lógica dice que cuantos más somos, menos pagamos. Con esta aplicación puedes unirte a compras colectivas iniciadas o crear una de nueva y esperar que la gente se apunte. Compartir los gastos de compra entre varias personas permite un ahorro importe para todos los implicados en la compra.